Historias de la Precariedad XIII - La crítica destructiva - Legítima defensa de Esteban Ruíz

El creador crítico es premiado fuera, vapuleado en casa. El panorama del arte local está ya suficientemente menospreciado para que los pocos elementos activos e independientes de esta ciudad sean sistemáticamente echados por tierra por privilegiados que sientan cátedra de papel desde sus pedestales institucionales.

Damos la voz y transmitimos este artículo de Esteban Ruíz, artista residente en Córdoba que nos quiere transmitir su visión y versión acerca de la crítica mal entendida. ¿No es ya suficientemente duro ejercer un trabajo en el campo del arte para tener además que lidiar con la adversidad de las críticas destructivas desde el ámbito más cercano?, ¿cuesta tanto apoyar un poco a nuestros creadores?

Esteban Ruiz a propósito de Oscar Fernandez

"Ante todo creo que el papel del crítico de arte está acabado. Y la razón para esto es una razón interna de este sistema llamado arte. No hay mucho que podamos hacer nosotros para evitarlo. Como resultado de las transformaciones de la esfera públicas, el sistema del arte estaba definido anteriormente por categorías que establecían los profesionales. En la primera parte del siglo XX, el crítico era una figura más en un complejo entramado que incluía instituciones públicas, museos, coleccionistas, marchantes y el propio mercado. El crítico representaba, en este escenario, la competencia disciplinaria. Esto fue así hasta que los museos se preguntaron para qué le necesitaban si ellos ya tenían su propia competencia disciplinaria. Pero después, los demás agentes del arte, los coleccionistas, los marchantes, se hicieron la misma pregunta. En este nuevo sistema cada coleccionista se convierte en espectador competente, que no necesita un intermediario que le asegure que sabe mucho más arte qué el. No hay nada amoral en eso. Tampoco podemos hacer nada para evitarlo. Esto es un gran paso adelante: en el fondo se está reclamando que cada espectador es autosuficiente y no necesita de nadie para explicarle lo que está viendo. De igual manera que desde que existen los relojes digitales ya no necesitamos relojeros, la función del crítico está llegando a su fin"
Benjamin Buchloh (1)

Cito este texto después de haber leído con perplejidad la (vamos a llamarle) crítica que el (supongamos ) crítico de arte Oscar Fernández publicó en el Diario Córdoba el jueves 12 de junio de 2008 acerca de mi último trabajo que se expone en la Galería Carmen del Campo. El desaguisado y la incongruencia del (digamos) texto crítico es tal, que ni yo mismo como creador de la obra, entiendo lo que este chico dice a propósito de ella. Aunque no es de extrañar atendiendo a su trabajo que no es otro que opinar sobre el trabajo de los otros y adecuar el pensamiento de la población al suyo propio o al de la ideología que lo sustenta a cambio de aleccionar. Lo que antes podíamos llamar el triste trabajo de un censor. Mientras yo sigo creando.
No es la primera vez que este (por decir algo) crítico, opina sobre mi trabajo, cosa que por otra parte me anima, ya que la otra vez que intentó desprestigiar mi obra, esta obra fue galardonada en Biennale d'Art Contemporain d'Issy-les-Moulineaux que abre la temporada en París. Pero claro el no lo sabia aun. Solo he tenido dos (llamémosles) críticas como estas en mi vida y las dos se las debo al ínclito redactor del Diario Córdoba

Sus explicaciones plagadas de tautologías superfluas y con evidente ausencia de estilo literario, roza a veces la perogrullada, como cuando dice "metáfora de lo primigenio y de un salvajismo atroz y amable"¿?
Sus interpretaciones, solo él las ha supuesto, debidas a una parca formación académica e intelectual: "Es un sur africano, en el que muchas veces se ha incluido a España -en un acto de ignorancia al que aun hay quien encuentra cierto encanto- pero sin localización concreta". En la obra expuesta no existe, al menos que yo sepa, una sola alusión a esa España que nos comenta.
Hemos de suponer que se sentiría mas cómodo si la obra fuera mas impersonal y con menos cargas culturales y emocionales, es decir mas global, mas propia del mundo globalizado que tanto le gusta defender, siguiendo el juego de la no personalización del trabajo artístico. Como para colgar en una colección de una gran empresa multinacional. Sin riesgos. Una obra que pudiera realizarla un cordobés o un berlinés, un perito industrial o un carnicero. Como nos explica un verdadero crítico: "...yo denomino -pop journalistes-, críticos que prestan una rápida atención a lo inmediatamente visto, que prescinden de los conocimientos de historia del arte, que no disponen de un marco teórico adecuado. Pero también por otro lado y en extremo opuesto, hablaría de un discurso crítico ultrateorizado, que defiende la idea del arte como una cuestión ideológica y social lo que conlleva la perdida de imaginación y de fantasía."
Donald Kuspit (2)

La imaginación es la gran ausente en todas y cada una de sus (podíamos decir) críticas. Tan escaso está de esta virtud que solo ha podido comparar el trabajo con la obra de Barceló -lo cual agradezco con todo entusiasmo- sin darse cuenta que los cuadros no coinciden en nada con los planteamientos formales de Barceló ni mucho menos en los técnicos. Tampoco conceptualmente la obra guarda símiles con la del pintor Mallorquín. Oscar Fernández ha visto una cabra y ha tirado al bulto: como Esteban Ruiz pinta cabras y Barcelo pinta cabras, Esteban Ruiz pinta como Barceló. Esto ademas le ha permitido cubrir un extenso párrafo sobre Barceló para demostrarnos su básica erudición. No obstante si se hubiera aplicado cuando realizó la carrera o se dedicara a viajar y ver exposiciones fuera de Córdoba o Sevilla, se daría cuenta que hay influencias -como en la obra de todos los artistas- mucho más evidentes, como pueda ser los trabajos de Anselm Kiefer (3).

Este (supongamos) crítico de tertulias radiofónicas y periódicos locales, puesto a dedo en los medios escritos y hablados, solo engrosa su curriculum, con las actividades que le proporcionan las instituciones para las que ofrece impúdicamente y bastante barato por cierto, sus servicios. No entiende de activismo, y se encuentra sometido a la cultura del espectáculo que le proporcionan sus patronos. De ahí la escasa capacidad de emocionarse con lo que no cueste mas de 50.000€. "Al fin y al cabo la crítica periodística, -como nos dice Arthur Danto-, cuenta con su ojo crítico para responder a lo que el arte parece: en cierto sentido el suyo es como un "criticismo de restaurante" (gastronómico), el cual ciertamente tiene su valor. En efecto, la crítica de arte periodistica tiene mucho que ver con los valores culturales, tal como los entiende el propio periodismo. Nos cuenta novedades." Vamos el salsa rosa del arte.

Hay muchas aclaraciones que podría hacerle a su (de alguna manera) texto, pero no sería amable por mi parte. Solo puntualizar que no existe un inconsciente colectivo europeo como afirma Oscar Fernández, ni americano ni asiático... el inconsciente colectivo, tal y como nos lo hace conocer Jung (4), (al que debería de leer) es universal en el espacio y en el tiempo.

Para acabar quisiera decirle a Oscar Fernández que no puede seguir sin darse cuenta de que si en sus (pongamosle) críticas utiliza esquemas de significado, está penetrando en sistemas de control y censura, y esto ya no es inocente.

Esteban Ruiz

(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Buchloh
(2) http://en.wikipedia.org/wiki/Donald_Kuspit
(3) http://en.wikipedia.org/wiki/Anselm_Kiefer
(4) http://es.wikipedia.org/wiki/Inconsciente_colectivo

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